martes, 11 de octubre de 2016

Chili con carne.

Hoy nos calamos el Stetson, nos colgamos el Widowmaker y nos vamos al estado de la estrella solitaria para cocinar su, valga la redundancia, plato estrella. El chili con carne tiene orígenes inciertos; al parecer nació en algún lugar de la Baja California y como casi todos los platos tradicionales que no son postres, es una receta de orígenes humildes y consumo cotidiano. Sea cual sea su historia, el caso es que hoy en día es el plato nacional de Texas (pronunciado "tejas", por favor). Como siempre que nos ponemos con recetas tradicionales, hay que poner la tirita antes que la herida y pedir disculpas a cualquier texano que pase por aquí y compruebe horrorizado que lo que yo he cocinado no se parece en nada a la delicia que preparaba su meemaw. A mi enano le ha encantado (a pesar del ligero pero muy perceptible toque picante) y con eso a mí ya me vale.



Permitidme unas puntualizaciones antes de ponernos a ello. Las cantidades de las recetas que ponemos aquí, salvo excepciones están pensadas para dos, o como mucho tres personas. En este caso saldrá bastante más cantidad así que es una buena receta para una reunión de amigos o para guardar en tuppers y tener comida para unos días. No es fácil conseguir un chili texano en Campo Arcís, así que para la receta lo he sustituido con unos pimientos picantes de origen incierto que trajo mi chica el otro día y que dan la talla sin ningún problema. Me cuenta que los pimientos se los regaló una compañera y que proceden de Fuenterrobles, concretamente del huerto de Julián. Los frijoles de la receta tradicional han sido dignamente impostados en este caso por unas alubias pintas compradas en la tienda del pueblo. Las legumbres que vende Chelo a granel son muy buenas y a muy buen precio. Y no, no me llevo comisión por hacer publicidad, aunque mi chaval sí se lleva algún que otro lacasito de vez en cuando. Y ahora sí, vamos allá.

Necesitaremos:
  • 500 g. de carne picada. Yo he usado 400 de ternera y 100 de cerdo.
  • Un bote mediano de tomate natural sin triturar (lo que vendrían siendo 4-5 tomates de pera)
  • Una cebolla mediana
  • Un pimiento rojo.
  • Un pimiento picante. En los supermercados es relativamente fácil encontrar pimientos picantes frescos.
  • Mezcla de especias: un pimiento choricero sin pepitas y picado en trozos o dos ñoras, una cucharada de comino molido, una cucharada larga de orégano y dos cucharadas de pimentón. Todo bien trabajado en el mortero hasta obtener un polvo fino.
  • 400 g. de alubias pintas cocidas.
  • Arroz blanco de grano largo cocido para acompañar.
  • Una lima (opcional).
Elaboración:
  • Picamos la cebolla fina fina y la ponemos a rehogar en un puchero.
  • Cuando la cebolla empiece a transparentar picamos el pimiento rojo y el pimiento picante y los añadimos.
  • Ponemos un poco de sal y dejamos rehogar las verduras hasta que estén hechas.
  • Añadimos la carne picada y la vamos trabajando con la cuchara de palo hasta que pierda su color rojizo y quede como desmigada. Hasta que esté casi hecha, vamos.
  • Añadimos el tomate en conserva incluyendo su jugo. Tapamos para no perder líquidos y de vez en cuando vamos removiendo y rompiendo el tomate con la cuchara. 
  • Añadimos sal y corregimos la acidez del tomate con una cucharadita de azúcar.
  • Cuando veamos que el tomate casi ha desaparecido en el guiso añadimos la mezcla de especias. Esto empieza a oler muy bien.
  • Dejamos hervir unos quince minutos más a fuego suave.
  • Cuando falten tres minutos para que se cumplan los quince añadimos las alubias previamente cocidas y escurridas.
  • Emplatamos el guiso acompañado de arroz blanco al gusto y listo para comer.
  • Aunque la lima no es imprescindible, escurrimos un poco de zumo antes de empezar a comer, le dará al plato un toque muy interesante y también suavizará un poco el picante si nos hemos pasado.
Ojocuidao:
  •  Este es un plato picante así que vamos a intentar regular eso. Si te gusta muy picante puedes añadir una o dos guindillas de cayena a la mezcla de especias o bien aumentar la cantidad de pimientos picantes. Si crees que todavía no pica lo suficiente puedes sacar una botellita de salsa tabasco a la mesa y que cada cual le añada a su gusto una vez en el plato; el que tú seas un terrorista de la capsaicina no quiere decir que los demás lo sean también. Si lo van a comer niños puedes sustituir el pimiento picante por medio pimiento italiano o un par de pimientos de padrón, aunque mi hijo tiene dos años y medio y no le ha molestado el toque picante. 
  • Cuando se cocina en cantidad para una reunión de amigos o similar, lo normal es pasarse en las cantidades pero si hay gorrones de última hora puedes llegar a quedarte corto. No problemo; con una paella no se puede pero esta receta es fácil de estirar. Si ves que te va a faltar comida, aumenta la cantidad de alubias, hierve más arroz y que no falte salsa tabasco en la mesa.
  • El punto anterior vale para dos o tres comensales extra, tampoco te pases de listo.
  • Puedes sustituir el tomate en conserva por unos tomates maduros pelados.
  • Como habrás podido comprobar, reducir a polvo el pimiento choricero a base de mortero es una tarea hercúlea, así que también puedes hacer trampas y pasar la mezcla de especias por el molinillo de café. Mano de santo. 
  • En la foto he cambiado el arroz por un poco de cus-cus sencillamente hidratado con agua salada siguiendo las instrucciones del fabricante. Cocina fusión y todo ese rollo. Además, ha quedado muy rico.

lunes, 10 de octubre de 2016

Pumpkin spice latte. O sea: café con leche de especias y calabaza.

Con la llegada del otoño termina la temporada de cerveza (menos mal, a ver si así me quito unos kilos) y lo que apetece en las tardes que empiezan a ser frescas, es un buen café o un té acompañados de algo dulce (o sin dulce, malditos kilos...), y una buena conversación mientras la lluvia salpica los cristales de la ventana. Si es que llueve, claro, que no lleva marcha. Pero esa es otra historia.



Todo el mundo sabe que el café es el nuevo gintonic, que a su alrededor está empezando a haber mucha tontería, casi siempre con barba cerrada, bicicleta de piñón fijo y camisa de leñador; pero eso no quita que podamos hacer también descubrimientos sorprendentes. Y deliciosos, como la receta que traemos hoy.  La receta tiene un par de modificaciones, pero vamos, que queda muy bien.

Vamos a ello.

Necesitaremos:
  • Una taza o un vaso de leche. La cantidad es al gusto.
  • Dos cafés expresos. 
  • Una cucharada de puré de calabaza asada.
  • Una cucharada de miel. (también sirve azúcar o cualquier otro edulcorante a nuestro gusto)
  • Canela molida.
  • Nuez moscada (opcional)
  • Un chorrito de ron añejo o similar (nosotros lo usamos para sustituir al jengibre de la receta original).
Elaboración:
  • Calentamos la leche sin que llegue a hervir y le añadimos la miel, el puré de calabaza y las especias al gusto.
  • Trabajamos con las varillas para integrar los ingredientes y eliminar grumos. 
  • Añadimos las dos tazas de café bien caliente y mezclamos.
  • Repartimos en dos vasos suficientemente grandes.
  • Adornamos con un poco de nata montada espolvoreada con canela y una pizca de clavo.
Ojocuidao:
  •  La cantidad de especias depende del gusto de cada cual. La canela y la nuez moscada son bastante potentes, así que es mejor no abusar de ellas.
  • Intenta triturar bien la calabaza para que no queden hebras.
  • Si no sabes de dónde vas a sacar una cucharada de puré de calabaza, solamente te diré que la calabaza asada es deliciosa para consumir como postre.
  • Si aun así no te animas, también puedes usar puré de manzana asada.
  • No abuses de la nata. No es necesario y así te sientes menos culpable luego.
  • Lo que se ve detrás en la foto, es una mocadorà, una selección de mazapanes que se regala típicamente el 9 de octubre en Valencia. Su nombre se debe a que, tradicionalmente los dulces se regalan envueltos en un pañuelo (mocaor en valenciano).

sábado, 29 de noviembre de 2014

Kanelbulle, cinnamon rolls o rollos de canela. La delicia que vino del norte.

Desde que Stieg Larsson arrasó con su trilogía póstuma Millenium, la novela policiaca nórdica está de moda. Maite es seguidora de Camilla Läckberg y suele esperar con impaciencia la publicación en español de sus libros de la serie Fjällbacka, sus novelas policiacas. Uno de los rasgos distintivos de esta escritora sueca es que muchos de los diálogos entre sus personajes transcurren alrededor de tazas y más tazas de café y al parecer, en Suecia la taza de café y el kanelbulle son poco menos que inseparables. Con tanto café y tanto rollo de canela, al final Maite decidió que había llegado el momento de aunar la experiencia literaria con la culinaria; así que se puso manos a la obra.


La labor de investigación se extendió durante meses. Pruebas y más pruebas, rollos y más rollos de canela. A mí, la verdad me estaban todos buenos pero mi chica no se conforma con eso. Ella busca la perfección, la excelencia, el Olimpo de los cinnamon rolls y con esta receta basada en la de comerycantarblog parece que se ha acercado lo suficiente como para quedarse conforme.

Necesitaremos:



Para la masa
  • 450 gr de harina de fuerza
  • 17 gr de levadura fresca
  • 165 ml de leche templada
  • 2 huevos
  • 50 gr de mantequilla
  • 50 gr de azúcar
  • Una pizca de sal
Para el relleno
  • 120 gr de azúcar moreno
  •  2 cucharaditas de canela
  • 100 gr de mantequilla
Para el glaseado
  • Un huevo batido, para pintar antes de hornear
  • 50 gr de azúcar glass
  • 2 cucharadas de leche
Preparación:
  • Desmigamos la levadura en la leche templada.
  • En un bol mezclamos la harina, el azúcar, la pizca de sal y añadimos los dos huevos ligeramente batidos, la mantequilla a punto pomada y la leche con la levadura disuelta.
  • Amasamos hasta que adquiera una consistencia elástica y no muy pegajosa.
  • Dejamos reposar una hora o hasta que doble su volumen.
  • Una vez ha levado la amasamos un poco más para que pierda el aire.
  • Enharinamos la superficie de trabajo y con el rodillo le damos forma rectangular (como saldrá bastante cantidad, para trabajar mejor la podemos dividir en dos), de este modo nos saldrán dos piezas que, una vez estiradas alcanzarán unos 25 o 30 cm de largo y 1cm de espesor.
  • Mientras precalentamos el horno a 180 ºC untamos la superficie de la masa con mantequilla, luego espolvoreamos con la mezcla de azúcar moreno y canela, y enrollamos las masas sobre la parte larga como si fueran dos brazos de gitano.
  • Cortamos en rodajas de unos 3 cm, los colocamos en una bandeja sobre papel de hornear, los pintamos con huevo y dejamos que leven otros 10 minutos más.

  • Horneamos unos 15 minutos a 180ºC y al sacarlos del horno los rociamos con un hilillo del glaseado que habremos hecho con los 50 gr de azúcar glass disuelto en dos cucharadas de leche.


Ojo cuidao:
  • Si vamos a amasar a mano pondremos un poco menos de leche para que no quede la masa muy pegajosa y podamos amasarla bien.
  • Para cortar esta o cualquier masa necesitamos un cuchillo bien afilado para evitar rasgarla o deformarla demasiado. Si no nos fiamos demasiado de nuestro cuchillo podemos meter la masa un par de horas en la nevera antes de cortarla.
  • Estos panecillos están más buenos recien hechos pero se conservan bien en una caja hermética o en una bolsa de plástico. Si tienen uno o dos días es recomendable darles un golpe de calor en el microondas, con unos segundos basta y estarán casi como recien hechos.
  • También se pueden congelar sin problemas.

viernes, 28 de noviembre de 2014

Revuelto de pimientos y rulo de cabra.

Si alguna vez a la ciencia le da por ahí y se pone a analizar el cerebro de los cocinillas, sin duda descubrirá un rinconcito luminoso y lleno de deliciosos olores, cerca del lugar donde se aloja el placer, que siempre está encendido e interconectado con el resto del cerebro, siempre cavilando, siempre tramando la próxima receta. Ese rinconcito siempre está en marcha sin importar la actividad principal que estemos llevando a cabo en cada momento. Esta receta por ejemplo surgió en parte mientras veía la tercera película de la saga Bourne: El ultimatum de Bourne. En una escena de esta película, el malo que es un esnob insufrible va a un garito pijo de Nueva York y pide "la tortilla de pimientos y queso de cabra". En ese momento no me di cuenta pero esa información quedó archivada. Poco después ví a Karlos Arguiñano preparando un revuelto usando la técnica del baño maría y entonces me dije: ¡hostia!, que es el equivalente en mi pueblo al más conocido ¡Eureka!


Me encanta como queda el revuelto al baño maría. Con esta técnica obtenemos una textura distinta y mucho más cremosa y al utilizar menos aceite, queda también más ligero. También es más laborioso y se ensucian más cacharros que con el revuelto normal, pero vale la pena hacerlo así de vez en cuando. Por supuesto la técnica sirve igual para cualquier revuelto, pero yo os recomiendo que probeis este en particular, os aseguro que no os va a decepcionar.

Necesitaremos:
  • 6 huevos.
  • 1 pimiento morrón verde o 2 pimientos italianos.
  • 6 rodajas de queso rulo de cabra (1 por huevo) como de medio centímetro de grosor.
  • 1 cucharada de aceite de oliva.
Procedamos:
  • Cortamos el pimiento en brunoise (o sea, en daditos pequeños) y lo salteamos en una sartén con una cucharada de aceite de oliva.
  • Ponemos a calentar agua en una olla grande.
  • Cuando el pimiento esté blando lo ponemos en un cuenco junto con los huevos y el queso de cabra desmigado.
  • Ponemos el cuenco al baño maría y trabajamos la mezcla con las varillas hasta conseguir la textura deseada.
Ojo cuidao.
  • Podemos añadir un poco de sal al pimiento al saltearlo pero no es imprescindible, los sabores que entran en juego en esta receta son tan ricos y complejos que hacen la sal innecesaria.
  • Darle el punto de textura al revuelto requere práctica y, cómo no, va en gustos. Para mí el revuelto ideal es el que al dejarlo caer en el plato se extiende un poco pero en seguida se queda firme, sin desparramarse. Si se desparrama es que el huevo no está bien cuajado, si rebota al caer es que nos hemos pasado y no tenemos un revuelto sino una tortilla que ha tenido una infancia difícil.
  • La norma general es que el revuelto, sea cocinado en sartén o al baño maría, requiere atención. No es algo que podamos dejar hacerse y mientras tanto dedicarnos a otra cosa. Si queremos un revuelto cremoso y perfecto debemos estar encima desde el principio hasta el final

lunes, 24 de noviembre de 2014

Espaguetis negros con crema de azafrán y langostinos (especial para ligones bocazas).

Vale, muchachote, la has fastidado y lo sabes. Sí, la chica es guapa. Y no llamó a seguridad cuando te acercaste a hablar con ella; eso siempre es un buen comienzo. No parecía drogada y sin embargo sonreía al hablar contigo. ¡Hasta se reía con tus chistes y tus anécdotas! ¡Era perfecta! Te costó decidirte pero al final, espoleado por el alcohol te decidiste: te invito a cenar, dijiste. ¡Y ella respondió que sí! Supongo que fue entonces, embriagado por tu éxito más incluso que por los tres caciques como tres soles que llevabas en el cuerpo, cuando te viniste arriba: “cocino yo”. Ese fue el instante exacto. Con esas dos palabras inocentes, con esas ocho letras candorosas e inofensivas la jodiste pero bien. Porque seamos realistas, tú no tienes ni puta idea de cocinar. Y decir eso es quedarse nadando en la superficie sin entrar en las profundidades abisales de tu torpeza culinaria. Tu ineptitud en el universo de los fogones es épica, es mitológica, es galáctica y no sé cuántas esdrújulas más. ¡Eres famoso entre tus amigos porque una vez se te quemó una ensalada!



Vale, que no cunda el pánico, todo tiene solución. Tita Maite y Tito Lvisen de Otro puñetero blog de cocina vienen al rescate. Podríamos intentar solucionar esa cena con una carne de calidad, a la brasa o a la plancha y acompañarla con unas verduritas al vapor como guarnición. Pero es que la carne es un poco puñetera. Para invitar a alguien a comer carne tienes que conocer bien a esa persona y sus gustos: hecha, poco hecha, al punto, cruda, ... Y no es el caso. También hace falta cierta habilidad que de momento no posees, recuerda aquella ensalada. No pasa nada, vamos a intentarlo con una receta de pasta. Sí, dicho así no parece gran cosa, pero te aseguro que esta es una receta de pasta muy especial. Es una receta de pasta pero es una receta de pasta con clase, es una receta de pasta vestida de noche con escote vertiginoso y taconazo de 15 cm. La conocí en Directo al paladar hace unos cuantos años y cada vez que la hago me gusta más. Con esto, un buen vino blanco y una ensalada caprese, tienes la cena y el éxito asegurados. Pero vamos a ello.

Necesitaremos:
  • 200 g. de espaguetis negros.
  • 200 ml. de nata.
  • Una docena de langostinos pelados.
  • Una cebolleta cortada en juliana fina.
  • Medio calabacín cortado en tiras finas.
  • Mantequilla.
  • Dos sobrecitos de hebras de azafrán (he dicho hebras de azafrán, no colorante en polvo para paellas)
Vamos con la elaboración:
  • Cuece los espaguetis en abundante agua salada el tiempo que indique el fabricante. Remueve de vez en cuando para que se suelten bien.
  • En una sartén pon una nuez de mantequilla y cuando se funda agregas el azafrán y lo remueves durante 30 segundos.
  • Añade la cebolleta y los langostinos y saltéalos durante un par de minutos.
  • Añade el calabacín y saltéalo durante 30 segundos. El calabacín es frágil y más cortado tan fino, así que muévelo con un poco de cariño.
  • Ha llegado el momento de añadir la nata, mezclarlo todo bien y relajarse un poco mientras la salsa se reduce y se integran los sabores. Con cinco minutos hirviendo a fuego medio debería bastar.
  • Cuando la pasta esté lista la escurres bien, la sirves y la presentas poniéndole un poco de salsa por encima. Intenta que te quede vistoso, recuerda que siempre empezamos a comer con la vista. Puedes sacar a la mesa el resto de la salsa en una salsera o un cuenco para poder añadir al gusto. 
Ojo cuidao:
  • Esta receta está lista en veinte minutos y la pasta hay que servirla bien caliente, así que prepárate los ingredientes pero no empieces a cocinar hasta que llegue tu invitada. 
  • El ritmo es importante en esta receta. Debes estar pendiente y seguir los pasos al pie de la letra. Cuando hayas añadido la nata podrás relajarte, servir un par de copas de vino y hacerte el chulo removiendo la salsa de vez en cuando como si fueras un gran chef, pero hasta entonces estate en lo que estás. ¿Que ella lleva un escote de esos que hacen temblar los trastos en las sacristías? tú la miras a los ojos. ¿Que lleva una minifalda kilométricamente corta? Tú la miras a los ojos. ¡He dicho a los ojos! Mientras estés cocinando no hay tiempo para veleidades venéreas. No si quieres tener alguna posibilidad de hacer algo remotamente venéreo después.
  • Para acompañar esta receta es recomendable un vino blanco con carácter. Un día de estos os enseñaré uno bueno.
  • Infórmate y si la chica es vegetariana elimina los langostinos. Los puedes sustituír por una zanahoria cortada en bastoncitos finos. El sabor perderá algo de potencia y complejidad organoléptica pero tranquilo, el azafrán sabrá mantener el tipo.
  • Si es vegana estricta tendrás que olvidarte de esta receta y pasar al plan B.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Tarta tatin.

Los franceses tienen una gran cocina, en muchos aspectos la mejor del mundo. Pero es que además tienen potra los joíos, porque al menos dos de sus iconos gastronómicos, el champagne y la tarta tatin son producto de errores. Lo del champagne es "bien conocido": a unos monjes se les gasifica una partida de vino y voila, champagne. Que sí, que la historia real es más compleja, pero al menos la gasificación del vino sí fue más o menos accidental. En cuanto a la tarta tatin hay varias versiones que solamente coinciden en sus protagonistas. A finales del Siglo XIX hermanas Tatin regentaban el pequeño (y famoso en aquella época) restaurante del hotel de su padre en Lamotte-Beuvron, un pueblo pequeño pero bien comunicado por ferrocarril con París. Un día estaban preparando una tarta de manzana, un postre fijo en su carta y bastante apreciado entre su clientela, y cuando todo estada listo se dieron cuenta de que no habían puesto la masa quebrada debajo de las manzanas, así que decidieron ponerla encima y santas pascuas. Solo que no fue así. A riesgo de que esta sección me quede demasiado larga con el consiguiente aburrimiento (hemos venido aquí por la receta, no por tus rollos), creo que les debo una aclaración a las hermanas Tatin porque la historia parece que no fue del todo así. La realidad parece ser que en el momento de preparar la tarta el horno estaba ocupado y como no tenían posibilidad de usarlo y sacar el postre a tiempo, decidieron poner la masa por encima de las manzanas, tapar el recipiente (supongo que sería un recipiente de hierro fundido tipo cocotte) y cocinar la tarta en el fogón. Así que demos al César lo que es del César y si bien el champagne, al menos en parte fue producto del azar, la tarta tatin es producto de la genialidad de unas grandes cocineras.




Como pasa con casi todas las grandes recetas y si son recetas de la cocina tradicional más todavía, la tarta tatin tiene muchas versiones que incluyen ligeras variaciones sobre el original. Hoy vamos a preparar la que más me gusta a mí... de momento ;-). Está basada en la receta de Evelyne Ramelet, que presenta el programa Cocina Francesa en el Canal Cocina, y en ella le damos un toque muy especial al caramelo con un poco de zumo de naranja y sustituimos la masa quebrada de la receta original por masa filo. Vamos a ello.

Necesitaremos:
  • 4 manzanas reinetas (como no teníamos reinetas hemos usado manzanas golden)
  • 100 g. de azúcar.
  • 50 g. de mantequilla.
  • El zumo de una naranja.
  • Cinco o seis hojas de masa filo.
Preparación:
  • Derretimos la mantequilla en una sartén o una cazuela baja apta para horno.
  • Añadimos el azúcar y cocinamos a fuejo suave sin dejar de remover con una cuchara de madera.
  • Cuando el azúcar empiece a coger color pero sin que llegue a caramelizar, añadimos el zumo de naranja.
  • Subimos el fuego y dejamos reducir, removiendo frecuentemente hasta obtener un caramelo de consistencia ligera, ni demasiado líquido ni demasiado trabado.
  • Pelamos, descorazonamos y cortamos las manzanas en trozos generosos, que no sean demasiado finos.
  • Disponemos los trozos de manzana en la sartén, sobre el caramelo cubriendo toda la superficie.
  • Tapamos la sartén con un trozo de papel de aluminio, la metemos en el horno precalentado a 180º y cocinamos durante 20 minutos.
  • Sacamos la sartén del horno (ojo con quemarse), quitamos el papel de aluminio y cubrimos las manzanas con las hojas de masa filo, poniéndolas de una en una y blanqueándolas a medida que las vamos poniendo con un poco de mantequilla derretida y remetiéndolas bien por los bordes.
  • Llevamos al horno diez minutos más o hasta que la masa esté dorada.
  • Sacamos del horno, dejamos atemperar, desmoldamos con cuidado y servimos ligeramente caliente.
Ojo cuidao.
  • El momento de añadir el zumo de naranja es cuando el azúcar empieza a coger color pero sin que haya llegado a caramelizarse porque si esto ocurre el zumo no se mezclará con el caramelo. Es preferible echar el zumo demasiado pronto porque si lo hacemos demasiado tarde la cosa ya no tiene remedio.
  • Para remover el caramelo sirve una cuchara de madera o de material sintético, nunca una cuchara de metal para no provocar cambios drásticos de temperatura.
  • Mucho cuidado con quemarse con el caramelo. La quemadura de caramelo es muy dolorosa.
  • Si no tenemos masa filo y usamos hojaldre o masa quebrada, como a estas masas les cuesta más cocinarse nos ahorraremos el paso de cocinar las manzanas tapadas con papel de aluminio. Las tapamos directamente con la masa quebrada o el hojaldre y cocinamos durante media hora o hasta que la masa  esté hecha.
  • Se puede servir con una bola de helado de vainilla o con nata, pero personalmente creo que no hace falta.
  • Los mangos de baquelita de la mayoría de las sartenes aguantan bien la temperatura a la que se cocina esta receta, pero tened en cuenta que al haber estado en el horno queman igual que el resto de la sartén.
  • La foto que ilustra esta entrada no le hace justicia a la tarta.

sábado, 15 de noviembre de 2014

Pequeños trucos y consejos. Entrada actualizable.

Esta entrada es un pequeño cajón de sastre en el que iré incluyendo pequeños trucos y consejos de cocina a medida que los vaya aprendiendo o se me vayan ocurriendo.

  • La Ley del Vino. Así, en Mayúsculas: no utilices para cocinar un vino que no te beberías.
  • La constante del ajo. Si eres un cocinillas novato harás bien en grabarte esto en el libro de recetas de tu mollera: si al empezar un sofrito se te quema el ajo no hay solución posible, la has jodido, tíralo y vuelve a empezar ahora que todavía estás a tiempo.
  • En cuestión de guisotes, siempre mejor a fuego lento.
  • Para las recetas que incluyan huevo crudo entre sus ingredientes, podemos pasteurizar el huevo en casa. El proceso es bien sencillo: cogemos un huevo que esté a temperatura ambiente y lo introducimos en un cazo con agua fría. Empezamos a calentar el agua a fuego lento, controlando la temperatura con un termómetro, hasta que esta alcance los 60º centígrados y la mantenemos así (con cuidado de que no pase de 64º o el huevo empezará a cuajarse) durante cuatro o cinco minutos. Seguidamente enfriamos el huevo con agua corriente y ya tenemos un huevo pasteurizado y listo para utilizar sin peligro de salmonelas. Para evitar una contaminación posterior, utilizar el huevo inmediatamente.
  • Si no te quieres cortar mantén tus cuchillos bien afilados. Tendrás un mayor control sobre ellos y evitarás que vayan a sitios inconvenientes. 
  • En repostería, a no ser que exista una buena razón los ingredientes (leche, huevos, mantequilla) deben estar a temperatura ambiente.